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Full text of "Humildad, poesías"

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JULIO J. CASAL 



HUMILDAD 



POESÍAS 



DIBUJOS DE BARRADAS 



MADRID 
IMPRENTA DE JUAN PUEYO 

Lun», 29. Teléfono 14-80. 

1920 



• 


G25 

H 3? 
/9?0 



Creo que una brizna de hierba no es 
inferior a la jornada de las estrellas. 

Una campanilla que azulea en mi 
ventana, me satisface más que toda la 
metafísica de los libros. 

Walt Whitman 



LA BRISA 



\jl brisa con sus labios otoñales 

marchita la arboleda. 

Las hojas se desprenden de sus verdes 

trajes de seda, 

y para bien morir 

piden la tela 

de sus rayos al sol, 

y la belleza 

del poniente, a la tarde... 

y se visten de fiesta 

con sus tocas doradas, 

igual que las princesas... 

¡Dulce co quetería! 

Poca vida les resta... 

Y abandonan la rama maternal, 

y a la muerte se entregan, 

como nunca ataviadas 

y más que nunca bellas. 



v: 















MARGARITA... 



Margarita, flor de ensueño, 
blanca novicia del prado 
en cuya corola el sol 
vertió el oro de sus rayos... 

Debes tener alma, 
y el Señor acaso 
te reserve el cielo 
por sufrir callando, 
pues eres tan buena 
novicia del prado, 
que al morir, ¡oh humilde!, 
perfumas las manos 
cuando te deshojan 
los enamorados... 






. 



RAYO DE LUZ 



La alcoba estaba en sombras, 

Yo era un niño... 

Temía los fantasmas 

y los espíritus. 

¡Qué zozobra en la noche 

cuando todos dormidos 

yo despertaba a veces! 

Tan amplio era el latido 

del alma del silencio, • 

tan hondo era y tan íntimo, 

que amedrentado muchas 

noches, claro he sentido 

palpitar agitado 

con un nervioso ritmo 

el propio corazón... 

Y en eso, bueno y tibio 

llegaba hasta mi lecho 

un humilde rayito 



12 JULIO J. CASAL 

de luz, que se filtraba 
por el denso postigo... 
Como siempre la alcoba 
continuaba lo mismo 
a obscuras... Sin embargo, 
me dormía tranquilo... 
¡Cómo no recordarte, 
rayo de luz amigo! 












ÁRBOL. 



Ar bol pequeño que estás 
puesto en medio del camino, 
me da una pena mirarte 
tan débil, tan enfermizo... 

Eres el eterno humilde 
y tu ropaje amarillo 
no sintió cantar los pájaros 
ni tuvo el peso de un nido. 

¡Cómo envidiarás los otros 
grandes árboles amigos 
tan frondosos, tan esbeltos, 
tan rumorosos y altivos! 

Bajo tu sombra jamás 
se realizaron idilios, 
porque tu ropaje nunca 
fué para el amor propicio. 



14 JULIO J. CASAL 

jViéndote tan triste y seco, 
no sé poiqué me imagino 
que en este próximo Otoño, 
al igual de todo tísico, 
morirán tus mustias hojas 
y con las hojas tú mismo! 



EL CARRETERO 



Por el camino viene una carreta. 

Los bueyes avanzan lentamente... A ratos 

el labriego entona 

yo no sé qué cantos... 

En la ruta se abren 

misteriosos charcos 

en donde, ¡oh clemencia divina del cielo!, 

se ven temblar astros... 

¡Quién fuera lo mismo que ese carretero 

que va hacia el mercado 

y en su burda capa 

camina embozado! 

¡Llegar a la plaza 

de un pueblo cercano 

y hablar con las mozas 

que salen al paso, 

y a la salud de ellas, 

después del trabajo, 

lleno hasta los bordes 

beberme un buen vaso! 



LA NOCHE 



La noche está preñada de misterios 
Las cosas secretean 
entre el sutil encaje 
de las grisáceas nieblas. 

Por el campo dormido 
las sombras vuelan, 
desplegando como unas mariposas 
sus alas gigantescas... 

Huele el ambiente a brisas 
otoñales. La tierra, 
igual que un pebetero, 
con la neblina humea... 

El tiempo está de duendes 
y veladas caseras. 
Calla el pueblo. En la altura 
no brillan las estrellas. 



18 JULIO J. CASAL 

A veces interrumpe 
los sueños de la aldea 
el chirrido monótono 
de las gastadas ruedas 
de un carro campesino 
que pasa hacia la feria... 

Algodones brumosos 
envuelven la arboleda. 
Sobre el desierto pueblo, 
como un fantasma vela 
la caprichosa torre 
de una lejana iglesia. 
Y un triste farolillo 
de gas, señala apenas 
con sus rayos medrosos 
la blanca cinta de la carretera., 



PECECITO.., 



Pececito humilde 

que ninguno cuida, 

porque no tiene escamas doradas^ 

porque al sol no brilla 

y que en un globito 

de cristal, un día, 

por una moneda 

me lo dio una niña 

de cabellos de oro 

y azules pupilas... 

Pobre pececito, 

nadie en ti se fija 

ni el agua te cambia 

para que persista 

tu débil aliento... 

jQué importa tu vida! 

Ay, ¡si fueras grande, 

si tuvieras lindas 

aletas pintadas, 

se te cuidaría!... 



20 JULIO J. CASAL 

Pero por humilde, 
porque nada brillas, 
porque te asemejas 
a una mustia hojita, 
mi mano a cuidarte 
siempre estará lista 
y en tu globo el agua 
será cristalina! 



ALGUNAS HOJAS 



Q 



ué pena me da mirar 
en plena estación florida 
entre el verdor de unos árboles 
algunas hojas marchitas! 

Pronto se secaron porque 
han madurado de prisa... 
Me recuerdan otros seres. 

Simbolizan 
las almas mustias y enfermas 
que tuvieron tanta vida 
y vertieron tanto llanto, 
que hoy la boca está vacía 
v están secas 
para siempre las pupilas. 

¡Qué pena me da sentir 
las manos secas y frías, 
que por los años que tienen 
debieran ser encendidas 



22 JULIO J. CASAL 

como esas rosas, con trajes 
primaverales vestidas! 

Pobres almas misteriosas... 
han madurado de prisa, 
y como esas mustias hojas 
que en plena estación florida 
se mueren con el primer 
soplo helado de la brisa, 
así también— vagos rayos— 
se apagan en plena vida! 



EL FAROLERO 



V^antan en la plaza grupos 
de niños a viva voz: 

«Farolero de 
la Puerta del Sol, 
toma la escalera 
y enciende el farol...» 

Era un rústico, un aldeano 
sencillo y trabajador; 
sus patillas eran rojas 
como su gran corazón... 

Gastaba una gorra negra, 
limpio traje de color... 
En el barrio ¡qué alegría 
cuando trepaba al farol! 

Lo mirábamos curiosos 
puestos a su alrededor. 



24 JULIO J. CASAL 

Era un tipo legendario... 
Romántico como soy, 
tengo que engarzarte en esta 
sortija de mi canción. 

Inolvidables faroles 
de mi clara población, 
sostenidos en un hierro 
que era una interrogación... 

Camarada farolero 
tan alegre y decidor. 
Cosas de mi calle todas: 
os he recordado hoy, 
porque un grupo de chiquillos 
mis recuerdos despertó 
cantando los viejos aires 
con aguda y viva voz: 
«Farolero de 
la Puerta del Sol, 
toma la escalera 
y enciende el farol.. .> 



LA ESTRELLA 



Pstrella diminuta que allá lejos 

vagamente titilas 
y que al lado de todas tus brillantes 

y doradas amigas 
con tus medrosos y confusos rayos 

pasas inadvertida... 

Ruedan los astros milenarios. Vierten 
sus destellos de regia pedrería. 
Son como mariposas de alas de oro; 
torrente de monedas; encendidas 
y originales flechas; prodigiosas 
agujas de la esfera azul y limpia. 

Y tú, brumosa estrella, 
que tan poco iluminas, 
¿serás acaso algún fanal lejano 
de una aldea sencilla? 

En el rostro celeste, eres reflejo 
de una triste sonrisa 



26 JULIO J. CASAL 

y, como la luciérnaga, a intervalos 
tu opaca luz nos brindas. 

Mi espíritu dialoga con el tuyo 
y por la escala de la fantasía 
asciende hasta perderse entre las nubes 
que tu lumbre cobijan. 

Yo sé de tu existencia. Me pareces 
la violeta escondida 
que no ve el caminante y sin embargo 
perfuma el torpe pie que la castiga. 

En ti no ha de fijarse el peregrino 
de miradas altivas, 
porque en esta existencia 
tus rayos simbolizan 
lo humilde y todo aquello 
que apenas brilla... 









EL PAISAJE. 



Í^L paisaje es un alma. Bajo el canto 
tedioso de la lluvia que lo besa, 
se entristece y solloza. En cambio ríe 
juvenil, cuando vuelca 
el sol de estío sobre él su clara 
y luminosa cesta. 

El campo es un armónium. La canción 

del céfiro despierta 
su nota más amable— y si las olas 

del ronco viento vuelan 
sobre los verdes de su gran teclado, 

entonces suelta 
su melodía trágica y perlada 

con todas las tristezas. 

Arrancan de mi ser todas las cosas 
alegrías tan puras y sinceras 



28 JULIO J. CASAL 

o llantos tan amargos, que a momentos 
no palpo en mí la humana y vil materia, 
siempre tan muda y fría, y me parece 
al notarme con tal naturaleza, 
que yo me identifico con el campo 
y todos sus paisajes, de manera 
tan honda y arraigada, 
que yo creo que soy en esta tierra 

un árbol nada más, 

un fruto apenas, 
o más humilde aún, una fragante 

brizna de hierba. 



LAS CAMPANAS 



(Jándido toque de misa 
que suenas en la alborada 
y repicas con tus voces 
alegres de colegiala... 

Tañido sereno y grave, 
doliente como una lágrima 
que armonizas con el tono 
de la tarde deshojada... 

Desgarrador y angustioso 
tañer que el muerto reclama 
y que subes hasta el cielo 
como una dulce plegaria... 

Esquila de los conventos 
cuyo sonido derrama 
sobre el jarrón de la brisa 
no sé qué olorosas ráfagas... 



30 JULIO J. CASAL 

Noble reloj legendario 
de aquella mi antigua plaza, 
que aún, como ayer, incansable 
con tu voz de bajo cantas... 

Brumosos o transparentes 
repiqueos de campanas, 
vosotros me habláis de cosas 
ya para siempre pasadas... 

Mi espíritu entre los pétalos 
de las flores de ayer, halla 
los matices más vistosos 
y las más tiernas fragancias... 

Por eso, alegres o tristes, 
de noche o con la alborada, 
por la ilusión de unos novios, 
por la ascensión de algún alma, 
con ronco acento de bronce 
o vibraciones de plata, 
cantad, cantad siempre, siempre, 
maravillosas campanas... 




fiteüflts 



EN LA SEDANTE.., 



En la sedante calma de la hora 
reconcéntrate y piensa, pero ni una 
palabra digas; fuera inoportuna... 
que te alcance el lenguaje c)e la aurora, 

El azul habla de romances claros; 
el blanco, de leyendas virginales; 
el violeta, de mágicos y raros 
palacios monacales... 

La campiña despierta bajo el verde 
y ondulante tocado.— No levante 
tu voz el tul de paz y ensueño. Pierde 

Toda oratoria, y si posible fuera, 
por no desentonar con el instante, 
sé como un árbol más en la pradera. 



EN ALTA MAR 



JQN alta mar. Ágil, calladamente, 
el barco se desliza como un ala 
sobre la transparencia caprichosa 
de las azules aguas... 

Desde tercera clase llega el triste 
lamento de una gaita, 
y el canto de los pobres emigrantes 
que sin descanso bailan... 

Junto a los gratos ecos 
y a las suaves palabras, 
se ve flotar la evocación sentida 
de la remota España... 

El puente duerme bajo un ancho toldo. 
El pasaje descansa 
en los amplios sillones. Ronda el tedio 
de tanto mar las almas... 






36 JULIO J. CASAL 

Lentamente la tarde 

se consume en la llama 

de un crepúsculo oro y todo seda. 

Suena más dulce la doliente gaita, 

y entre dos nubes aparece Venus, 

límpida y clara. 



ERA UN PAISAJE, 



£¡,ra un paisaje mustio 

y mal vestido... 

Un pedazo de campo 

estéril, amarillo, 
con unos secos árboles, que nunca 

tuvieron nidos 
ni cobijaron bajo su ramaje 
desnudo el sueño de los peregrinos. 

La santa lluvia 
no se ha detenido 
sobre estos tristes 
y apartados sitios... 
El sol todo lo quema... 
¡El sol, que es oro, el campo ha empobrecido? 

Y en las amplias ciudades, 
se quejó tanto el rico 
de la monotonía 
del agua al repicar contra los vidrios! 



36 JULIO J. CASAL 

En el campo tan sólo 
lució claro y magnífico 
el padre sol, matando 
las esperanzas de los campesinos. 

Pobre paisaje triste, 
enfermo y dolorido: 
me recuerdas a veces con tu campo 
solitario, baldío, 
que reclama la lluvia, 
los dolientes espíritus 
hacia los que no llega 
el amable rocío 
de una ilusión dorada... 
Casi siempre abatidos, 
sin frutos, sin ensueños 
ni emoción, son lo mismo 
que tú, yermo paisaje 
estéril y amarillo. 



FECUNDIDAD 



La tierra bajo el agua se estremece 
igual que una mujer a las caricias... 
Una da el fruto en hijos, 
la otra en rubias espigas. 

La lluvia rueda con sus gotas claras. 
El sol apenas brilla 
entre dos grises nubes 
que el viento hincha. 

El labrador sonríe al tiempo rudo... 
Su más dulce sonrisa 
también tiene la aldeana 
que espera dar a luz con la vendimia- 
Alegre habrá de ser la primavera. 
La cosecha preséntase muy rica 



40 JULIO J. CASAL 

y adornará además un pequeñuelo 
la casa humilde y limpia... 

Fecundidad del campo y de la madre,, 
por siempre seas bendita... 
La siembra ha de encarnar eternamente 
lo más puro y más santo de la vida. 



CALENDARIOS 



/\ L pasar junto a esos 
frágiles calendarios 
de figuras esbeltas 
y cartones tan claros, 
¿no sentís cierta pena 
compasiva, arrancando 
las diminutas hojas 
que señalan un santo, 
una fecha cercana 
o un recuerdo lejano?... 

También nosotros somos 
como los calendarios. 
Todo lo que tenemos 
en un yo condensado, 
nos lo quita el dolor 
y el placer a su paso. 

De nuestra propia vida 
(¡oh frágil calendario!) 



42 JULIO J. CASAL 

van cayendo los meses 
dichosos y los años, 
que frío e inconsciente 
a todo, va arrancando 
el tiempo, hoja por hoja, 
con su implacable mano. 






ASPIRACIÓN 



\3 TR0S nombres tal vez perdurarán. 
El mío ha de apagarse 
sin haber sido llama, 
sin que nunca alumbrase... 

Sólo resiste al tiempo el que a sus rimas 
le da un potente arranque 
y pone en sus estrofas 
los sones más marciales. 

Han cantado la patria, y se han cantado 
ellos mismos. Ya nadie 
les puede disputar la regia estatua 
de mármol en el parque... 

Mi lira apenas suena débilmente... 
Si un día acaso el ave 
de mi verso, musita 
sinfonías vibrantes 
y logra que mi nombre 
brille eterno en el arte, 



44 JULIO J. CASAL 

mi voz no fué sincera, 
mintieron mis cantares, 
pues sólo siento los motivos vagos 
y los humildes aires... 

Amigos míos, no merezco estatuas... 
No tuve obras geniales... 
... Pero si por ventura 
anheláis recordarme, 
nada de bronces y oro 
ni libros ni homenajes. 

Tan sólo al borde de una clara fuente 
que murmure su endecha entre el boscaje, 
grabad esta inscripción: «En ese chorro 

sencillo y claro, late 
el alma del poeta. Fué así, límpida, 

susurradora y frágil. 
Esta fuente que entona en el silencio 

sus dulces madrigales, 
simbolizó su mística existencia. 
Como ese chorro, tuvo notas suaves, 

misterios, languideces, 

serenas vaguedades, 
y preludió sus pálidas canciones 
lejos de los bullicios mundanales., .> 



EL SENDERO 



Primero es, entre el campo 

desierto, apenas 

una cinta grisácea... 

Después semeja 

un pergamino 

de la Edad Media, 

mostrando todas sus 

orillas llenas 

de largas roeduras 

hechas por piedras... 

Páginas del sendero, 
¡cuántas ideas 
acaso se han vertido 
sobre tu tierra! 

Entre el verde follaje 
a veces tiembla 



46 JULIO J. CASAL 

y se pierde; a momentos 

feliz bordea 

un arroyo entre cuyas 

ondas se espeja; 

a ratos va entre flores, 

lleno de esencia... 

Y a instantes, amapolas 

— manchas sangrientas— 

lo visten con su traje 

de vida y fuerza. 

Las margaritas silvestres 
muchas veces lo rodean, 
y parece que al altar 
va caminando entre ellas, 
igual que una desposada 
con su albo traje de fiesta. 

Blanco y humilde sendero, 
yo hallo en ti música, y suenas 
para mí como la nota 
más cristalina y más fresca. 
Te pareces a mi vida: 
va entre lirios o entre piedras, 
siempre inadvertida para 
todos; en las carreteras 
amplias, el mundo se fija... 
pero lo humilde no inquieta, 
ni la curiosidad nunca 
a su vista se despierta. 



HUMILDAD 47 



Son iguales nuestras almas, 
iguales las ansias nuestras, 
blanco y humilde sendero 
que me llevas 
hacia la paz misteriosa 
y apartada de mi aldea. 



ATARDECER.. 



Atardecer de Mayo. Pasa una 

vela lejana. 

Suena una campana. 

Brota del mar el disco de la luna. 

A lo lejos 
se ven temblar 
los pálidos reflejos 
de la hoguera que alumbra algún hogar. 

Alma, volemos hacia los caminos 
huraños de la aldea... 
Y dejando el rumor de la ciudad, 
oigamos murmurar los viejos pinos, 
y que en nosotros sea 
tan intenso el amor de la humildad 
que, al igual de esos rudos campesinos, 
olvidando lo absurdo de las leyes, 
no tengamos más fin ni más idea 
que guiar, canturreando, nuestros bueyes. 

4 



HA LLOVIDO... 



Ha llovido... El ambiente 
de la tarde conserva 
una suave humedad... 
El aire lleva 
en sus alas un vago 
olor a primavera. 
Se va engarzando el cielo 
con radiantes estrellas 
y también— bellos astros 
de candor e inocencia- 
van llenando las niñas 
del barrio la vereda... 
Y cantan bajo mi ventana... pura 
y milagrosa esencia 
del trinar de sus voces argentinas, 
en donde el alma del pasado tiembla, 
«Ramitos de aroma, 
ramitos de azahar... > 






54 JULIO J. CASAL 

En vuestras notas frescas 
yo adivino la voz de mis hermanas; 
veo las rubias trenzas 
de aquella colegiala candorosa 
que anidó en mi quimera, 
y a la que dediqué mi honda ternura 
entre los pobres ritmos de un poema. 
Aquella linda novia que cantaba 
con las otras en rueda, 
y cuyo acento semejaba un suave 
hilo, cristal y seda... 
La calle llenaba con la melodía 
de la canción tierna: 
«Eran tres hermanas 
—rubias como espigas — 
y las tres bordaban 
con agujas de oro, 
dedales de plata. 
Pasó un caballero 
pidiendo posada... > 
Y oyéndolas cantar en esta tarde 
, primaveral y bella, 
he sentido latir mi corazón 
como en lejanas épocas 
y a la ventana me asomé buscando 
la novia aquella, 
de pupilas azules y apacibles 
y de doradas y sedosas trenzas... 



i 



NOTAS 



Flota en el aire un fresco 
olor a tierra húmeda. La tarde, 
tras los lejanos pinos 
se quiebra como mágicos cristales. 
En un cercano campo, 
junto a un arroyo, arde 
una hoguera, y el humo 
asciende en caprichosas espirales. 

Muge una vaca. Ladra 
un perro a los paseantes, 
y hay un grupo de niños 
que, con canciones suaves, 
reviven el pasado 
de la dormida calle... 



56 JULIO J. CASAL 

Croan las ranas 
en un mustio estanque... 
Y a lo lejos desata la armonía 
de sus puras cadencias celestiales, 
la voz de un campanario 
que humilde se resguarda entre los árboles. 



EL PARAGÜERO 



En esta vieja calle provinciana 
que alegrar saben órganos y sol, 
hace contraste el triste paragüero 
de aguardentosa voz... 

Él anuncia la lluvia. Y casi siempre 

irónico ofreció 
su mercancía, en esas dulces horas 

estivales de siesta y de calor... 

Enfermo ensueña el agua. Con los días 
de invierno y sin color, 

gracias a los paraguas que compone 

va arrastrando sus años y su tos. 

Lo acompañan en coro algunos niños. 
Yo siento una emoción 
subir muy suavemente 
y lenta al corazón... 






58 JULIO J. CASAL 

Es que evoco los tiempos 
en que feliz creció 
de mi niñez lejana 
la ya marchita flor... 

Ciertas cosas vulgares 
y callejeras son 
para el alma dormida 
como un despertador. 

Ya se pierde en la calle provinciana 
que alegrar saben órganos y sol, 
el triste paragüero 
de aguardentosa voz... 

...Paragüero... 



UN EMIGRANTE 



Jf~l E visto en la libreta 
de un emigrante el amplio 
gesto de la impresión 
violenta de una mano... 

Era la mancha negra 
sobre el papel tan blanco 
como el ala inquietante 
de un misterioso pájaro. 

¿Tal vez algún rebelde? 
¿Un revolucionario 
de frases tormentosas 
e ideas de relámpago? 

La marca digital también tenía 
forma de astro... 



60 JULIO J. CASAL 

¿Sería el emigrante algún profeta? 

¿Un loco visionario? 

¿o un poeta quizás 

de rudos versos y atrevidos cantos? 

¿Algún sentimental, 
un soñador acaso, 

que se inspirara en un fulgor de luna, 
en los tranquilos lagos, 
y en el rodar de las doradas hojas 
que arranca el viento de los mustios arbolee? 

De fijo sé que no era 
uno de tantos 

que emigran, porque el agua 
del dolor maltrató sus viejos campos... 

Su nombre era común 
y sin embargo 
pastor tenía que ser... 
Nunca un esclavo. 

La impresión digital no era del vulgo... 
No somos del rebaño 
si «nuestro yo» se marca 
con un rasgo, 
que tiene algo de ala 
y mucho de astro! 



LA VACA 



Iba de casa en casa, pobre amiga 
de los ojos cansados... 

De una cadena la llevaba un niño 
vestido con harapos. 

Detrás iba el ternero lastimoso 
con reproche balando: 

apenas lo acercaban a la ubre, 
lo tenían un rato 

y en el instante en que 

el líquido espumoso y codiciado 
bajaba, de un tirón 
lo apartaban a un lado. 
El hijo se quejaba 
del afrentoso engaño... 
¡Para otros la leche 
rebosaba en el tarro! 

Yo me acerqué a la vaca 
y vi en sus ojos llanto... 



62 JULIO J. CASAL 

¡Ser madre y dar a todos 

el fruto rico y sano 

y a pesar de su anhelo 

tener que rehusarlo 

al hijo que ha latido en sus entrañas 

y que lo implora con amor llorando! 

Al regresar la vaca 
hacia el establo, 
el esquilón que al cuello 
llevaba atado, 

rebelde a la injusticia de los hombres, 
sonaba tristemente por los campos... 






EL CARTERO 



^ o viene más el cartero 
conocido por nosotros. 
Diariamente doblan otros 
la curva gris del sendero... 

Aquél era un noble anciano 
de barba blanca y florida... 
¡Cuántas veces con su mano 
me abrió inconsciente una herida* 

Lejos del nativo lar, 
con qué inquietud y emoción 
sentíamos repicar 
los golpes del aldabón, 
y aquel acento sincero 
símbolo de una ilusión: 
¡Cartero; aquí está el cartero! 






€4 JULIO J. CASAL 

Cartero: 
Tú simbolizas el llanto 
y la lejana amargura, 
mas también eres el canto 
de la alegría más pura. 

Misiva cuyo color 
nos hace temblar al verte, 
con tu vestido de muerte 
o tu albo traje de amor. 

Cartero: en esta escondida 
ruta de espinas y flores, 
siempre me recordarás 
aquella carta de amores 
que aguardé toda mi vida 

y que no llegó jamás! 

Mitigaban los pesares 
impuestos por la distancia 
aquella dulce fragancia 
de las líneas familiares . 

Pero se amenguó mi anhelo 
cuando mis padres dejaron 
la tierra y se remontaron 
hacia el claro azul del cielo... 

Figura nunca olvidada 
del cartero tan ansiado... 



HUMILDAD 65 



Me recuerdas la alborada 
de aquel mi tiempo pasado. 

Cuando en el jardín te veo 
del servicio retirado, 
me emociono porque creo 
que volverás a lo andado, 

luchando con las fatigas 
tan molestas de tu empleo, 
y has de traer fraternales 
cartas y cartas amigas... 

Y has de anunciarte mañana 
con tu acento tan sincero 
de donde el recuerdo emana... 
¡Cartero! ¡Aquí está el cartero! 









INDIFERENTE 



Indiferente y ajeno 
a todo mal y veneno, 
me deslizo por la vida 
sin inferir nunca daño, 
sin causar ni un desengaño 
ni abrir la más leve herida... 

Y penetrad sin temor 
de acíbar ni de dolor 
en mi oculto jardín espiritual. 
El agua de mi fuente es cristalina, 
y no existe siquiera ni una espina 
traidora en mi rosal. 

Mi nave sufre a solas 
el vaivén de las olas. 
Y bien más de una vez 
despreció de una playa el dulce abriga 
que le ofreció un amigo, 
confiando en su alocada intrepidez... 



68 JULIO J. CASAL 

Si me ofenden, perdono toda ofensa. 
Pero tampoco exijo recompensa, 
que no es interesado mi favor... 
Y amo de tal manera, que no guardo 
hacia el agudo dardo 
que me hiere, la sombra de un rencor, 
que para ser feliz, a mí me alcanza 
prodigar bien, sin premio ni esperanza, 
y tener semejanza 
con esa humilde flor, 
que para el que la hiere vierte esencia, 
y poder, pese a toda indiferencia, 
sobre aquel que me daña en su inconsciencia, 
derramar la fragancia de mi amor... 



LOS PLÁTANOS 



J^os plátanos del camino 
con el rocío blanquean. 
Es una 5 de plata 
la ondulante carretera. 

Ha llamado el señor cura 
para la misa primera- 
Entre mi brazo es tu talle 
lo mismo que un ala inquieta. 

En un grupo de trigales 
se esconde la humilde senda., 
A nuestro paso las aves 
casi sorprendidas vuelan. 

«Buenos días, jardinero; 
lo esperamos por la huerta... 
Aquello está abandonado... 
Ha crecido mucha hierba... > 



70 JULIO J. CASAL 

Y el jardinero sonríe. 

Y en su risa hay la experiencia 
de sesenta y nueve inviernos 
vividos sobre la tierra. 

A lo lejos los hogares 
de campesinos humean... 
Huyó el sueño de los ojos. 
La campiña se despierta... 

Y entre dos nubes veladas 
con un tul de oro y violeta, 
todavía la fragancia 

de un rayo de luna tiembla. 



CREPÚSCULO 



Crepúsculo matutino, 
oliente a nardo y a rosa... 
Con tus dedos transparentes 
vas disipando las sombras 
fantásticas de la ruta 
j tristemente silenciosas. 

De un apartado y humilde 
mesón de la aldea, brota, 
con el son de una guitarra, 
la armonía de una copla... 

El río se despereza- 
todo azul— entre la fronda 
de unas acacias, en donde 
ha despertado la aurora 
un nido, en el cual la madre 
(¡oh la insigne profesora!) 
enseña a sus pequeñuelos 
su primer lección de notas. 



72 JULIO J. CASAL 

Un labriego habla a sus bueyes, 
Paternalmente los nombra, 
y ellos, sumisos al yugo, 
sus nobles cervices doblan. 

Por el establo aparece, 
serpenteando su cola, 
un noble mastín, que el trigo 
de la carretera custodia... 

Cruza sobre los tejados 
una nube de palomas- 
Madrugadas de la aldea 
fragantes y ruborosas 
como las mejillas de oro 
de una niña. Verdes hojas 
empapadas de rocío, 
y en donde cual barcarolas 
se mece el multicolor 
traje de las mariposas... 

Dulce canto de los gallos 
que me evocáis las remotas 
ilusiones de otros días, 
ya sin brillo y sin aroma... 
¡Quién pudiera eternizarte 
para gustar de tu honda 
belleza, y de tu sedante 
ala blanca y luminosa, 
crepúsculo matutino, 
oliente a nardo y a rosa! 



HORAS DE SIESTA 



O oras de siesta. El sol 
todo lo abrasa. 
Dulce monotonía 
de las cursis y vagas 
voces de vendedores... 
Frente a mi ventana 
hay un trozo de campo 
como una esmeralda. 
Cierra el bochorno 
mis pupilas. Canta 
un gallo... ¡Cuánto ensueño 
me recuerda su voz vibrante y clarar 
Aquel viejo patio 

de mi vieja casa... 

La fuente de mármol, 

la florida parra... 

Jueves, sin colegio, 

en que yo jugaba 

con otros amigos 

por entre las plantas... 



74 JULIO J. CASAL 

Aun oigo las voces 
dulces de una hermana 
de bucles dorados 
y de frente pálida... 
Entre los jazmines 
de su mano blanca, 
mi madre, un gran libro 
de versos llevaba... 
¡Oh mis tiempos idos, 
oh fresca fragancia! 
Figuras y notas 
por siempre pasadas... 
Revive el otrora... 
Canta, gallo, canta... 
Por tí aun soy pequeño 
y mi risa es franca, 
y aun juego a la sombra 
de la verde parra 
de aquel viejo patio 
de mi vieja casa. 



BAILE EN LA ALDEA 



JDRIlla la senda al sol. Los campesinos 
lucen sus trajes de suprema gala... 
Como una flecha azul, se pierde un ala 
entre las verdes copas de unos pinos. 

Cruza un viejo organillo hacia la fiesta: 
un pollino lo arrastra torpemente, 
sufre las moscas, y copiosamente 
suda con el bochorno de la siesta... 

La ruta es una cinta hecha de nieve. 
Ni una hoja se mueve... 
¡Si no fuera mi alma tan cobarde, 
fuera a la aldea de muy buena gana, 
a bailar con la moza más lozana 
hasta la misma puesta de la tarde! 






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LA VACA Y EL TERNERO 



Jqn la tarde de sol 
pasan junto a la huerta. 
Van balando 
camino de la feria. 
La vaca va delante 
y él la sigue de cerca, 
lo mismo que un pequeño 
tras la sombra materna... 

¡Pobre madre! Ha pasado 
ya tres veces con ésta, 
en diferentes 
más cercanas épocas. 

El labriego llevaba 
su ternero a la venta... 
¡Tierno y apetitoso 
para un banquete era! 

Olvidando quizá daños lejanos, 
la madre iba contenta 



SO JULIO J. CASAL 

espantando las moscas con su cola: 
pantalla gigantesca. 

Cuando retorne como en otros años 
ya sola de la feria, 

en donde se quedaron sus retoños. . 
igual que ayer, henchida de tristeza, 
llenará con sus lúgubres mugidos 
la silenciosa y amplia carretera. 



VIEJA HISTORIA 



EN una fresca mañana 

se encontraron 

en la fuente. 
El muy fuerte... Ella lozana., 
Y, claro está, se miraron... 

Y nada más... ¡Tanta gente! 

Y sucedió casualmente... 
Cuando la tarde caía, 
un buen día 

fueron juntos a la fuente 
a solas: tal vez por eso 
se dieron el primer beso... 

Y era una tarde estival... 

Y el pecado, natural... 









6 



82 



JULIO J. CASAL 



América para el hombre... 

Y hoy un pequeño sin nombre. 

Y el horizonte que arde, 
como en la cita primara, 

y en la fuente una que espera 
cuando declina la tarde... 



MONEDA DE COBRE 



Jc,n la plaza amiga, 
para el que mendiga 
¡con qué tintineo 
tan amable suenas! 
Llenas el deseo 
de unas almas buenas... 

Globitos de goma, 
ramitos de aroma, 
y el goce sencillo 
tú tan sólo alcanzas... 
Tras tu opaco brillo, 
lleno de esperanzas 
va el pordioserillo... 

Moneda de cobre 
que es el pan del pobre... 



84 JULIO J. CASAL 

Doras los anhelos 
de los pequeñuelos... 

Humilde moneda 
que de mano en mano 
silenciosa rueda, 
con un ruido sano... 






LOS CUARZOS 



£n la tarde clara, 
apenas un rayo 
de sol encendía 
los marchitos cuarzos... 

Y por el camino, 
sin hacerles caso, 
cruzaban los bueyes 
y los viejos carros. 

Las piedras crujían... 
manchaban acaso 
con sangre las ruedas 
y los recios cascos. 

Relampagueó el odio 
en mis ojos, cuando 
miré una amatista 
lucir en mi mano... 



Si JULIO J. CASAL 

De la misma raza, 
y una ¡qué violados 
reflejos tenía! 
Semejaba un lago 
que pinta el crepúsculo 
con sus tonos blandos... 

Y descoloridos 
los humildes cuarzos, 
lucían apenas 
con su lustre craso... 
¡Y eran de la misma 
raza, sin embargo! 

Pensé en las familias 
que enriqueció el hado., 
y en esos parientes, 
de todo boato 
y toda alegría 
por siempre alejados... 

Cruzaban los bueyes, 
y los viejos carros, 
y en la tarde clara, 
apenas un rayo 
de sol encendía 
los marchitos cuarzos... 



HIJAS DEL ARROYO... 



£l órgano desata su armonía 
vulgar y callejera... 
Se abren las ventanas... 
unos niños juegan 
y entonan en coro 
la copla ya vieja. 

Una niña rubia 
como las candelas 
que doran las noches 
de clásica fiesta, 
baila apasionada... 
En su rostro nieva 
blancura de lirios, 
albor de inocencia, 
y son sus dos labios 
como dos cerezas... 
Es toda un ensueño. 
Y es su compañera 



JULIO J. CASAL 

menuda, marchita, 
sin color y fea... 

Hijas del arroyo... 
La misma miseria 
les sirvió de nido. 
Nunca una terneza 
oyeron. Su vida 
fué una rama seca... 
¿Qué serán mañana? 
Tal vez la que es fea, 
humilde, hacendosa 
desgraciada obrera... 
con sus mustios labios 
quizá nos ofrezca 
lo que su buen hombre 
consiguió en la pesca... 

La otra, la blanca 
de doradas trenzas, 
¿ha de marchitarse 
también en la brega 
por el pan diario? 
Tal vez será buena 
así cual su amiga... 
Mas tanta belleza! 

¿Escapará acaso 
del lobo que acecha 
— con oro y con frases 
de ilusión— la presa? 






HUMILDAD 8d 

No ha tenido nunca 
dos días de cena... 

Y hace falta en casa... 
Jamás fué a la escuela. 
Si su padre acaso 
de otra clase fuera... 
sería la esposa 
de algún Don cualquiera, 
y gozara el oro 
pingüe de unas rentas- 
Pero ¡mucho temo 
por la niña bella! 
De un lado la amarga 
voz de la miseria, 
y el paisaje envuelto 
en sombras bien negras... 

Y amor de otro lado, 
y lujos y fiestas 

y comodidades 
y nada de pena... 

Es la vida obscura 
y frondosa selva. 
La niña va sola 
y anda el lobo en ella... 
El camino es largo... 
No ha de encontrar puertas... 
■Mucho, mucho temo 
por la niña bella! 



ANDAN... 

A I 

/\ndan tan mal los trenes... 

Nunca llegan 
hasta el pobre apeadero 

de la aldea. 
Las vías herrumbrosas 

están llenas 
de plantitas silvestres 

y de piedras... 

Y ¡oh colmo de ironía! se aventura 
— símbolo del progreso y de la ciencia- 
entre las líneas de los viejos rieles 
chirriando una carreta... 






EL PICAPEDRERO j 



Era en Agosto , bajo un sol ardiente 

que encendía la tierra. 

Bajo la sombra amiga 

del toldo de un café ¡qué dulce siesta 

entre la charla, el humo y los licores, 

se paladea! 






Una provincia de segundo orden... 
Machacaba las piedras 
uno de esos humildes 
picapedreros: era 
símbolo de amargura, 
de infinita paciencia, 
de trabajo sumiso, 
de esclavitud eterna... 

Por el ala marchita, 
tosca y vieja 
del sombrero, asomaban 
mechones de una lacia cabellera, 



94 JULIO J. CASAL 

que el sudor adhería a la amplia frente... 

La frente: ¡pobre tierra 

que surcaba la arruga 

fatal de la miseria! 

El sol era de plomo... 

¿pero cómo dejar la ardua tarea, 

si el jornal exigían cuatro bocas 

diminutas de fresa? 



Hoy he vuelto a pasar 
por la provincia aquella 
y por la misma calle... 
¿Quién recuerda 
al buen picapedrero?... 
Toda asfaltada y bella, 
la calle se ha vestido 
con su traje de fiesta. 
Y en un auto de lujo 
—todo perfume y seda- 
cruza el cuerpo ondulante 
de una fácil ramera... 



GOTAS DE ROCÍO 



En la tarde de Agosto, tras la lluvia 

monótona e incesante 
en toda la mañana, sobre el campo 

un rayo de sol arde... 

Y encontré dos hojitas sobre el césped 

sedoso y ondulante; 
las cubría el rocío con menudas 

gotas como brillantes... 

Alhaja tan hermosa en joyerías 
no ha de encontrarla nadie... 
Las hojitas humildes hoy sonríen; 
más que toda flor valen... 

¡Oh!, quién pudiera, bien amada mía, 
ofrecerte un cintillo semejante, 
para que entre tu seno, rosa y nácar, 
prendiéndolo, brillase 
como una alhaja exótica, y a un mismo 
tiempo, toda ella luz, verde y fragante! 



MUSIQUILLA DE ARRABAL... 



JVÍusiquilla de arrabal... 
¡Cómo me hiere tu acento 
rumoroso de cristal! 
¡Qué dulce melancolía 
siempre que te escucho siento! 
Y con tu cursi armonía, 
que descompasada suena, 
musiquilla de arrabal... 
¡cómo mi alma se llena 
de un misterio sin igual! 

Viejo recuerdo natal... 
En nuestra calle, a la siesta, 
eras mi única fiesta, 
musiquilla de arrabal... 

Vals monótono y tristón 
— que canta las mismas notas- 
Violín de cuerdas ya rotas, 
te asemejas con tu son 
de la moda retirado, 



98 JULIO J. CASAL 

a ese romance anticuado 
que llevo en el corazón! 

Llora en vosotros la esencia 
de mi remoto pasado... 
Me traéis el aromado 
latido de mi inocencia, 
cuando mi madre arrullaba 
mis siete abriles floridos 
narrándome los sentidos 
cuentos que ella me inventaba! 

Musiquilla de arrabal, 
canta lo mismo que ayer 
en mi calleja natal... 
que tal vez harás volver, 
con tu acento de cristal, 
aquel misterioso abril 
de la ilusión infantil 
tan fresca y primaveral. 
Canta lo mismo que ayer, 
musiquilla de arrabal... 



LOS VENDEDORES 



«Quién fuera vendedor para 
pasarme el día en la calle gri- 
tando: ¡Quién compra ajorcas 
y pulseras de plata y de cris- 
tal!» 

R. Tagore (Poemas indios), 



Los pobres vendedores ambulantes 
con sus gritos me causan 
honda melancolía... ¡Cómo duele 
la voz triste, aflautada, 
que suena su estribillo hasta el cansancio: 
«Pulseras de plata.. .> 

Eternos peregrinos de la vida, 
no detienen su marcha 
casi nunca, y caminan resignados 
bajo el sol, bajo el agua... 






102 JULIO J. CASAL 

de pueblo en pueblo, 
de casa en casa, 

compran el pan, vendiendo sus ajorcas 
y pulseras de plata... 

Todos los vendedores me dan pena... 
¿Nunca os habéis fijado cómo cantan 
su mercancía en esas rudas horas 
de una siesta que abrasa?... 

¡Mercachifles de todos los caminos, 
baratijeros, parias, 
que andáis de un lado a otro 
llevados por un viento de desgracia!... 

Yo, como el indio niño, también tuve 
mi gota de nostalgia 
de no poder burlar de mis maestros 
la aguda vigilancia, 
para vender lo mismo que vosotros 
por las calles desiertas y apartadas... 

Leonardo, el buen frutero 
de la ardiente Calabria; 
Joaquín, el pescador 
de las tierras de España; 
Matías, el que arregla 
los deshechos paraguas... 
A Pedro, a Juan, a toda 
la errante caravana, 



HUMILDAD 103 

mi fraternal poema 
os lleva mi fragancia. 

Eternos peregrinos de la vida 
remontan lentamente la jornada. 
Son de la misma tierra miserable, 
de !a tierra inhumana; 
llegan de todos sitios, ya cansados, 
el corazón con canas: 
json los humildes pobres que nacieron 
sin hogar y sin patria! 



FLORES DE PAPEL 



Recuerdo que, siendo 
casi niño, un día 
al ver en el amplio 
salón de familia 
cuatro o cinco rosas 
todas de anilina 
y papel, gastadas, 
casi desteñidas 
por el sol y el tiempo, 
corrí con gran prisa 
a buscar un poco 
de agua cristalina, 
que vertí en el búcaro: 
la inocencia mía 
no vio el artificio... 
Mi fe era tan viva, 



106 JULIO J. CASAL 

que sentí en el alma 
rayos de alegría, 
pues creí que aquellas 
rosas tan marchitas 
por el sol y el tiempo, 
ya florecerían! 






EL APEADERO 



1 ríste apeadero de aldea, 
te vuelve a ver mi memoria 
siempre solitario, ardiendo 
bajo el sol, sin una sola 
ramazón de árbol amigo 
que te cobije en su sombra... 

Nunca supiste de cargas, 
ni de enjambre de personas, 
ni tienes esas tabernas 
vulgares, en donde toda 
la juventud canta y brinda 
por la salud de la moza... 

Jamás frente a ti los trenes 
de gran lujo se estacionan. 
Sólo algún carro de bueyes 
que guía una labradora, 



108 JULIO J. CASAL 

hace retumbar las piedras 
mal salientes que te adornan. 

Y cuando al caer la tarde 
te envuelves en la luz roja 
de tu linterna fantástica, 
mi espíritu se emociona 
pensando en las pobres gentes 
que alrededor tuyo moran... 

¡Pobres gentes que se afanan 
et( mámente y laboran 
sobre un miserable trozo 
de terreno, en el que brotan, 
más que el trigo necesario, 
las rosadas amapolas! 

Triste apeadero de aldea, 
siempre en mi clara memoria 
dejarás un surco inmenso; 
con tu vida tan monótona, 
con tu paz tan de sepulcro, 
con tu columna verdosa, 
en donde el reloj de acero 
ni marca las justas horas- 
Triste apeadero de aldea, 
no me entristece tu honda, 
tu humilde tranquilidad, 
sin bancos y sin personas. 



HUMILDAD 109 



Amo la fisonomía, 

siempre antigua, de tus cosas. 

Y en tu silencio yo encuentro 
las palabras más sonoras... 
¡pero qué pena me da 
verte al sol, sin esas hojas 
gratas de un árbol amigo, 
que te abriguen con su sombra! 



VIEJAS CANCIONES 



]_a tarde se apaga 
y el aire de Abril 
trae la dulce y vaga 
canción infantil,.. 

«A las orillas de un río 
una doncella 
bordaba pañuelos de oro 
para la reina... > 

Llega hasta mi vida 
el tierno aromar 
del alba florida 
que no ha de tornar. 

«Pasó en eso un vendedor: 
¿Quién compra seda? 
— ¿De qué colores las tienes?- 
Azul y negra...» 



112 JULIO J. CASAL 

Mi espíritu dialoga 
con el fresco rumor 
del acento que boga 
hacia el país en flor 
de una noche de amor... 

Era una colegiala... 
yo un altivo estudiante 
que arrastraba triunfante 
mi capa como un ala. 
Y vi sus claros ojos, 
y sus labios tan rojos 
en la hora sutil, 
toda rumor de fiesta, 
y parecida a ésta, 
en que, toda marfil 
y rosa, ella cantaba 
la sencilla canción, 
mágica evocación 
del canto colegial 
en el barrio natal... 
<A las orillas de un río 
una doncella 
bordaba pañuelos de oro 
para la reina.. .» 

La tarde se apaga 
y el aire de Abril 
trae la dulce y vaga 
canción infantil... 



LA PEQUEÑA ILUSIÓN 



En mi jardín de ensueños, siempre humanos, 
ha nacido una rosa tan menuda, 
que temo se deshoje entre mis manos... 
Aun se encuentra de espinasiDien desnuda. 

La he de cuidar con fe, con entereza. 
Tendrá el agua más pura de mi fuente, 
y cada hoja blanca y transparente 
será un espejo para la belleza. 

No por humilde habré de despreciarte. 
En el verso más breve anida el arte. 
En todo gran placer hay una espina. 
La flor inmensa tiene un fin fatal, 
¡que tanto puede el mal! 
Símbolo de la rosa es la ilusión 
pequeña, que aletea en mi emoción, 
que como no la ven ojos profanos, 
ni ninguno en mi alma la adivina, 



1 14 JULIO J. CASAL 

no muere a la asechanza de otras manos, 
ni la mata en su tallo o la resume 

la envidia mundanal, 
y así podrá alegrar hora tras hora 

con su fresco perfume, 

la soledad sonora 
de mi oculto jardín espiritual... 



EL VIOLINISTA 



jaquel violinista 
que todas las tardes 
pasaba a una misma 
hora por mi calle, 
hace ya algún tiempo 
que no lo ve nadie... 

Era su violín 
nido de sedantes 
y olorosos trinos 
llenos de saudades. 

Y evocaba tierna 
historia fragante, 
la monotonía 
de sus viejos aires... 

¡Pobre violinista! 
Sólo halló desaire 
entre los vecinos... 



116 JULIO J. CASAL 

Y así emigró el ave 
de aquellas canciones 
tristes y vulgares, 
o tal vez se ha muerto 
de dolor y hambre. 

Bajo la frondosa 
sombra de unos árboles, 
juegan unas niñas 
de pupilas grandes, 
de cabellos de oro 
y labios cual sangre... 

Tragedia sencilla 
del artista errante, 
eres tan humilde, 
tan común y frágil, 
que no hallarás nunca 
genio que te cante... 

Si recomendado 
te hubiera un magnate, 
tal vez no arrastraras 
esa vida infame, 
y a la cumbre, a todos 
llegara tu arte, 
pobre violinista 
que todas las tardes 
pasaba a una misma 
hora por mi calle... 



EL AFILADOR 



Viene con su carro ya viejo... ¿Sin duda 
ignoráis la historia del afilador? 
El alma, de tibios afectos desnuda, 
de sus claros valles un día emigró... 

América sabe ser hospitalaria. 
Ella simboliza para el labrador 
toda la dulzura de una plegaria 
y un hogar cubierto de paz y de sol... 

Partieron en busca de otros horizontes. 
Y hoy que la locura del viajar pasó, 
sueñan en los buenos y nativos montes, 
jugueteando en ellos la imaginación. 

Retornar desean al pueblo, mas nunca 
pensará en regresos el afilador. 
Dice que ya tiene la existencia trunca, 
y que en sus montañas a nadie dejó. 



1 1 8 JULIO J. CASAL 

Huraño el semblante, la mirada hosca, 
parece sumido siempre en un dolor... 
Mientras rueda el carro de madera tosca, 
murmura entre dientes no sé qué canción. 

¿Vive sin ensueños lejanos? Ignoro. 
¿Acaso la piedra de cascada voz 
no vierte afilando sus chispas de oro? 
Ese oro pudiera darle una ilusión... 

Es frío y huraño. Sin embargo, ayer, 
entre sus pestañas el llanto tembló... 
Y pensé: ¿Desdenes de alguna mujer? 
¿Canciones del mundo? ¿Fracaso de autor? 

¿Hay vendas, acaso, que ocultan su herida? 
Al mostrarse rudo, tal vez nos mintió, 
guardando el secreto de su errante vida... 
¿Bebió en copa amarga? ¿Qué cruz arrastró? 

Al verlo cien veces en la carretera, 
charlatán el vulgo de prisa arguyo 
que, al igual que el rostro frío como cera, 
tendría el viajero frío el corazón. 

Esos peregrinos que no dan al viento 
de sus amarguras ni el más leve son, 
más que los que gimen tienen sentimiento; 
el mal que se calla, siempre es el mayor. 

Nos afirma a todos que en la humilde aldea 
su antigua familia ya se dispersó; 






HUMILDAD 119 

la casa está en ruinas, el hogar no humea 
y hasta el viejo perro de pesar murió... 

En su historia debe vivir un misterio, 
pues causa el mirarlo vaga confusión, 
que contrasta el aire taciturno y serio 
con el ya gastado traje de color. 

¿Es un noble arruinado? Lleva el porte 
y el andar majestuoso de un señor 
habituado a los faustos de la corte... 
¿Ha manejado esclavos o la hoz? 

Tiene cierto encanto la figura austera, 
quijotesca y triste del afilador, 
cuando arrastra el viejo carro de madera 
con un gesto lleno de resignación... 




Xtrttoaa!- 



FLOTA... 



Flota en la calleja 
yo no sé qué vieja, 
qué gris melodía. 
Y en tanto la tarde 
¡tan fatua! hace alarde 
de su pedrería... 

Nos llega una hermana 
nota de campana, 
que llora a lo lejos... 
¿Halló sus cristales 
en los vesperales 
y tristes reflejos? 

Por todo penumbra. 
Sólo un foco alumbra 
la imagen doliente 
de un Cristo de piedra, 
que piadosamente 
abriga la hiedra... 



124 JULIO J. CASAL 

Es todo dolor. 
Exangüe el Señor... 
La calleja fría... 
Y, en tanto, la tarde 
¡tan fatua! hace alarde 
de su pedrería... 






DEL FRIGORÍFICO 



Salen del Frigorífico 

los humildes obreros, 

camino de sus casas... 

El mar brama a lo lejos. 

Los paisajes se velan en un claro 

crepúsculo de fuego. 

Suena el mugido de las tristes vacas 

y un balar angustioso de corderos... 

Cruzan los campesinos 

y los aldeanos de semblantes serios. 

Ha terminado la tarea activa 

del sacrificio de las reses. Llenos 

de honda resignación 

van los obreros... 

En un alambre llevan 

lo que ha sobrado del trabajo cruento 

y lo que a nadie nunca ha de venderse; 

llevan los corazones de los muertos, 



126 JULIO J. CASAL 

de aquellos animales que los vientres 

ensancharán tal vez de los banqueros... 
Van callados, sumisos, 
a regresar de nuevo 

cuando brote la luz al otro día- 
Pasan cincuenta..., cientos 

de corazones: van goteando sangre 

por la ruta del Cerro... 

Y ante tanta miseria, entre las nubes 
matizadas del cielo, 

nace un rayo de luna. El aire tibio 
y perfumado, el eco 

de las olas y el oro del paisaje 

invitan a soñar un mundo bueno 
de armónica justicia, 
de humanos sentimientos 
y goce fraternal... 

Pasan los corazones en silencio. 



CALLAR 



(^uando vibre en tu espíritu un reproche 
haz que muera, anudado en tu garganta; 
que nunca broten de tus labios rudas 
y ofensivas palabras. 

Ni blasfemias, ni injurias... 
Bella filosofía de la planta, 
que si está mustia no protesta al rayo 
del sol que la maltrata, 
y si precisa el sol, llora en silencio 
los látigos del agua... 

¡Callar!, ¡callar!, callar eternamente... 
Que apenas centellee en la mirada 
el lamento interior, pero de prisa, 
fugaz como una ráfaga... 

Sé bueno para todo; aun para el mismo 
mal que te punza y daña... 
Responder una injuria siempre es fácil... 
El mérito es de aquel que sufre y calla. 



GRIS 



V 



UELA en el aire un vago 



olor a tierra húmeda... 

Sobre las ramas tiernas 

de una acacia, la lluvia 

ha dejado sus gotas transparentes... 

Silencio. Apenas turba 

la calma de la hora 

la confusa 

canción de una carreta, que decora 

la desierta llanura. 

Arrastra un arroyuelo, 

entre sus aguas turbias, 

un triste remolino 

de hojas mustias. 

Se refleja en el agua 

la ramazón desnuda 



130 JULIO J. CASAL 

de un viejo árbol. Llora 

una campana con su voz de bruma. 

Y un crepúsculo gris, 

como un sueño de Schumann, 

poco a poco envolviendo va el paisaje 

con la seda marchita de su túnica... 



LA NIÑA DEL JARDÍN 



J£n el jardín. Un grupo 

de niños cantan 

y se persiguen como mariposas 

—los niños llevan alas— 

por entre los macizos 

de flores y de plantas. 

Sobre el pretil de una 
fuente, una niña pálida, 
casi andrajosa, ve 
pasar la alegre y clara 
carrera de criaturas 
acomodadas... 

Cruzan blondas, encajes, 
botas acharoladas 
y vestidos que vierten 
la más dulce fragancia... 

Y sólo se contenta 
la pobre resignada 



132 JULIO J. CASAL 

con mirar a intervalos 
— como si fuera falta- 
una muñeca, toda 
de rosa y nácar, 
que en el florido césped 
ha quedado olvidada. 

Y ¡ohl la emoción intensa 
que le arrancó una lágrima 
al tocar con su mano, 
¡mustia violeta helada!, 
un aro que, rodando, 
hasta sus pies llegaba... 

Los niños ricos, al caer la tarde, 
tornarían a casa... 

¡Oh el lujo y el confort y los cuidados 
prolijos de las ayas, 
en tanto que las madres quedan libres 
para lucirse, y, ávidas 
de figurar, pasean sus tocados, 
impuestos por la moda y la elegancia. 
Y la niña roerá el duro mendrugo 
sobre el jergón de paja... 

Que exista diferencia entre los hombres.., 
pero ¡oh, Señor, me amarga 
ver el desfile de los regios trajes 
frente a la pobre niña sin infancia! 



CANCIONES 



Canciones populares y sencillas, 
siempre llenas de encanto... 

Bajo el misterio de las noches claras 
y tibias del verano, 

cantan las niñas yo no sé qué aires 
dulces y evocadores del pasado.., 

Las coplas callejeras son el alma 

de los humildes barrios. 
Las voces infantiles se suceden 

todos los años, 
para entonar la misma melodía 

y el idéntico canto... 

Aquellas tiernas horas de mi vida 

para siempre pasaron, 
pero subsiste en mí todo el perfume 

que al partir exhalaron, 
y por eso me agradan esas plazas 

y sitios apartados 



134 JULIO J. CASAL 

que frecuento a menudo en mis paseos 

tristes y solitarios, 
y en donde al escuchar las frescas voces 

de los ingenuos labios, 
retrocede al ayer, ebrio de ensueños, 

mi espíritu romántico. 



BAJO LA LLUVIA., 



]3ajo la lluvia incesante 
tiene esta tarde de Abril 
el viejo encanto fragante 
de la canción infantil... 

«jQue llueva, que llueva, 
la Virgen de la Cueva! 
Los pajaritos cantan, 
las nubes se levantan... 

Que sí, que no... 
¡que llueva chaparrón! > 

Unos niños improvisan 
una menuda piragua, 
que alegremente deslizan 
sobre un gran charco de agua, 

En mis pupilas se cierra 
la mirada hacia la tierra. 



136 JULIO J. CASAL 

Dejo de ser un mortal... 
Sueño en el lejano ayer 
mientras escucho caer 
la lluvia sobre el cristal 
y llega a mi corazón, 
¡siempre tan vieja y tan nueva!, 
la evocadora canción: 
«¡Que llueva, que llueva, 
la Virgen de la Cueva!... > 



VIEJOS MARINOS 



£l mar se inunda de imprevistos cantos. 
Retornan al crepúsculo las barcas 
de humildes pescadores... En el muelle 
tiemblan las cofias como inquietas alas. 

Se perciben las notas cristalinas 
de los remos que chocan con el agua... 
Vertió la luna sobre un grupo de olas 
un camino de plata, 
por el cual una nave 
como un misterio avanza. 

Las horas nunca fueran 
tan bien aprovechadas; 
la pesca ha sido enorme. Y en un día 
se ganó una semana. 

¿Quién piensa en el mal tiempo? 
... Hoy es fiesta.— Mañana 
se han de vencer lo mismo que otras veces 
las sombrías borrascas... 



138 JULIO J. CASAL 

Emociona mirar esos marinos 
de serenas miradas, 
cómo regresan de sus aventuras, 
por la mar agitada, 
y hacen sonar el puente 
con sus recias pisadas, 
mientras, ingenuos como buenos niños, 
van rumbo hacia la casa 
en donde son dichosos con la sopa 
que humea a su llegada... 

¡Viejos marinos de tostados rostros 
y transparentes almas! 



LA SOMBRA 



£n la calle vive 
solamente un árbol. 
El sol estival 
toda la ha inundado 
con la lluvia de oro 
de sus fuertes rayos. 

Unas ramas sobre 
un balcón dejaron 
un poco de sombra... 
Y el sol de verano 
hace burla de ella, 
de su brillo ufano. 

Bello sol de fuego 
mi príncipe hermano, 
eres poderoso, 
mas no rías tanto... 
No sólo lo grande 
da frutos lozanos. 



140 JULIO J. CASAL 

La sombra es pequeña, 
mas tiene su encanto 
y además... ¡Oh! mira, 
blondo soberano: 
en la sombra se aman 
felices dos pájaros... 



LA RÁFAGA 



Veo danzar las hojas en un vago 

y fugaz remolino... 
Se perderán tal vez por el camino... 
Algunas volarán hacia el molino, 
las otras serán naves en el lago... 

Hijas de un mismo árbol que crecieron 
juntas bajo la risa 
del sol, y que murieron 
dispersas en Otoño por la brisa- 
Pobres almas gemelas 
que cruzan separadas, 
por aguas ignoradas, 
como distintas velas... 

Triste es vuestro vivir, 
vuestro dolor es fuerte, 
que la ausencia es un mal, 
pero aun tenéis la suerte 
de que os habrá de unir 
la ráfaga final. 



EL CHARCO 



£l sol iba absorbiendo 
con su calor, el agua 
de un charco humilde... El pobre 
por fuerza agonizaba 
y ¡oh belleza suprema! entre las cosas 
breves, también hay alma- 
Una calandria, muerta de cansancio, 
con la sed se abrasaba 
y moría... Vio el charco 
y a él se acercó ufana, 
y él, generoso en su postrer suspiro, 
murió dándole vida a la calandrial 



10 



EL CAN 



L)e quién sería aquel can 

que una tarde 
encontramos tendido sobre el campo? 
Su cadáver 

era festín sabroso 

de las malditas aves. 
Era en Agosto. El sol 

brillaba infame 

sobre sus heridas, 
y a su lado ¡oh contraste! 

una hojita tenía 

fulgores de brillante... 
Nunca me olvidaré (cuando con pena 

cubrí su pobre carne 

con tierra y flores) 
de sus ojos: dos glóbulos de sangre... 



148 



JULIO J. CASAL 



Nunca me olvidaré... que agradecidos 
a mi piadoso arranque, 
volvieron a la vida 
sólo un instante 
—relámpago de amor — 
para mirarme.- 



OTOÑAL 



LIENZO DE ABELIWfrA 



La lluvia canta melodiosamente... 
Como sombras se alejan 
por entre los senderos 
marchitas viejas, 
rosas ya sin color 
y sin esencia... 

Andan dolientes 
y agobiadas: llevan 

sobre los mustios y cansados hombros 
tristes haces de leña 
que hallaron con trabajo en el camino... 
¡Son pocos, mas también poca es la cena! 

Humildes y agotadas 
por ímprobas faenas... 
Y sin embargo, en torno suyo ¡cuántas 
fantásticas leyendas! 

Campesinas y niños 
si a veces las encuentran 



150 JULIO J. CASAL 

en su ruta, persígnanse de prisa, 

¡que el diablo debe andar tal vez con ellas! 

Un mal foco, en la hora 
mística, parpadea, 
y en el cristal de un charco, 
medroso se refleja... 

El sol está de más en tus campiñas, 
maravillosa Suevia; 
cruza aprisa la lumbre 
por tu fecunda tierra. 

Toda aterciopelada, 
toda húmeda seda, 
es tu verde brumoso 
y tu azul es gris perla. 



Vienen de un monte dulces 

canciones de leyenda... 

Unas gotas de agua 

en una rama tiemblan... 
El chirrido de un carro 

todo el paisaje llena... 

Pasan alas nocturnas 

y allá, distantes, suenan 

los gudos ladridos de los perros. 
En una nube envueltas 

las aspas de un molino 

misteriosas voltean- 
Corno esfinges, iguales 

a unas almas en pena, 



HUMILDAD 151 



embrujan los senderos 
las tenebrosas viejas... 

El viento, con sus olas 
potentes, las doblega... 
Y entretanto, lo mismo 
que fantasmas se alejan, 
llueve copiosamente 
sobre la carretera... 



POR LOS CRISTALES 



Por los cristales de la ventana 
se te ve al bastidor... Llevas 
así ya muchos inviernos 
y un mundo de primaveras. 

¿Qué bordará tu alba mano? 
¿A quién da vida la seda? 
¿A un santo, a un paisaje azul, 
a un hidalgo, a una princesa? 

Interrúmpese el silencio 
de la calle, con la apuesta 
entrada de un caballero 
que todo el barrio despierta. 

Pero cruza sin mirarte. 
Otra le asestó sus flechas- 
Escuchas el melodioso 
canto de las frases bellas 
con que enamora a la otra. 



154 JULIO J. CASAL 

Y no lloras, ni te quejas, 
y huyen veloces los días... 

ya hay nieve en tu cabellera... 
todos pasan por tu lado, 
pero ninguno te lleva. 

Tu bastidor... Ilusiones 
que aun marchitas aletean... 
Mágicas noches de bodas 
que en tu imaginación tiemblan, 

Y hoy como ayer, y mañana, 
deslizarás tu existencia 
acodada en la ventana 
esperando al que no llega, 
siempre en tus manos el oro 
prodigioso de la seda... 



NADA Y TODO 



H 



ermano Barradas, somos 
tan poca, tan poca cosa... 
Nos aventaja la marchita rosa 
y los mal pintados cromos. 

Si miramos una estrella, 
un ala que cruza, un lago, 
un dulce atardecer vago... 
¡nuestra pequenez descuella! 

No somos nada, hermano mío, nada.., 
Ni noche, ni alborada, 
ni un rayo de luz, ni lodo. 

Nuestra vida a ciegas va. 
No somos nada quizá... 
¡Quizá porque somos todo! 



POBRE CABALLEJO- 
DERRENGADO Y VIEJO, 



M E impresiona verte 
bajo los arreos 
sufrir las injurias 
del látigo adverso. 

Si te caes, un golpe 
te levanta presto, 
y trotas lo mismo 
con el frío intenso 
que insensibiliza 
tus flácidos miembros, 
que en verano, cuando 
sobre tu pellejo 
y en tus mataduras 
hierve un sol de fuego. 

Reclama tu frágil 
armazón de huesos 



158 JULIO J. CASAL 

la aguda cuchilla 
de los mataderos. 

Pero antes es justo 
sacarte provecho, 
y aunque en tus heridas 
pululan insectos, 
derrengado y triste, 
mal cuidado y viejo, 
no hallarás piedades, 
y por mucho tiempo 
tirarás del carro, 
pobre caballejo... 






LA LAGUNA 



Pobre y triste 
laguna solitaria, 
llena de tierra 
toda enfangada, 
sin otra compañía 
que la canción cascada, 
monótona, doliente 
y eterna de tus ranas... 

El lago, el mar, el río, 
fingen, al sol, cintas de seda y plata; 
en cambio a ti la luz, 
al mostrar tu fealdad, te injuria y daña, 

Sólo a veces, de noche, 
de tu dolor se apiada 



160 JULIO J. CASAL 

el cielo, al verte siempre 

humilde, abandonada, 

y entonces, como alivio 

del lodo que te empaña, 

viene a temblar el oro de una estrella 

entre el cristal opaco de tus aguas. 



HOJITA... 



plojiTA verde 

y aterciopelada, 

que te arrancó la brisa 

de la planta 

y hoy vas flotando como 

una nave fantástica, 

sobre el cristal inquieto 

y claro de las aguas... 

¡Hojita verde, 
qué profunda lástima 
yo llevo para ti 
dentro del alma! 

En épocas tal vez 
no muy lejanas, 

11 



162 JULIO J. CASAL 

¿acaso allá en un árbol 
frondoso, no brillabas 
con las menudas gotas 
de rocío empapada? 

El ruiseñor aquel que por las noches 
en el árbol cantaba, 
¿no era tal vez tu amante? 
¿no era para ti su serenata? 

Hojita verde (¡verde 
como aquella esperanza!), 
flotarás poco tiempo, 
te hundirás para siempre entre las aguas. 
Mas yo no he de olvidarte; 
me acercaré a la rama 
del árbol en que un día amaneciste 
y hablaremos de ti con tus hermanas. 



EN EL LAGO... 



£,n el lago de la tarde 

misteriosamente arde 

la estrella de los pastores, 

y en la verde y fresca alfombra 

su caperuza de sombra 

se van poniendo las flores. 

Es tan diáfano e influyente 
el vago recogimiento 
de la hora vesperal, 
que todo mi pensamiento 
me parece transparente 
como el agua y el cristal. 



166 JULIO J. CASAL 

Olvido todo rencor, 
y para el mismo adversario 
siento ternura y amor... 

Y es entonces mi existencia 
como un místico incensario 
que ofrece a todos su esencia. 



CUANDO, 



Cuando el horizonte torna 
a ponerse su vestido 
de un azul diáfano y puro, 
me voy por esos caminos. 
Tras la lluvia se halla el prado 
fragante y reverdecido. 
Amanecen en los árboles 
frutos hasta hoy no vistos. 
En una parra cercana 
está temblando un racimo, 
que aun ayer estaba verde 
y hoy tiene el color del vino. 

Fué una bendición del cielo. 
El maíz casi perdido 
dará la tierna borona 
para el pobre campesino. 
¡Cómo late el corazón 
del labriego agradecido! 



168 JULIO J. CASAL 

Y los bueyes patriarcales 

que al carro marchan uncidos, 
mueven felices sus colas, 
que son amplios abanicos... 

Molinera, molinera, 
buena ganancia has tenido... 
¡Para moler la cosecha 
no dará abasto el molino! 

Regreso al atardecer... 
Se desprenden de los pinos,, 
como perlas gigantescas, 
claras gotas de rocío. 

Y escucho desde el sendero, 
que va entre espigas perdido, 
cómo cantan las aldeanas 
allá lejos, en el río. 



POBRES ARBOLES... 



Pobres árboles frutales, 
ayer verdes y floridos 
y hoy ya tristemente heridos 
por las brisas otoñales... 

Con murmullos musicales 
halagabais mis oídos... 
Hoy ya no cobijáis nidos 
ni dais sombras fraternales. 

Árboles de aquella huerta, 
como mi esperanza muerta 
fuisteis, como aquel placer... 

Pero mi esperanza en otros 
brotes no alienta... ¡y vosotros 
volveréis a florecer! 



PESCADOR, 



Pescador de caña, 
que se empeña 
en querer vivir 
de la poca pesca... 

Y está todo el día 
espera que espera... 

Y pasan las horas 
y la noche llega, 
pero ni un pescado 
reluce en la cesta, 
y si algunas veces 
tuvo suerte... ¡Buena, 
buena y amplia suerte!, 
de vender su pesca 
por el cobre viejo 

de algunas monedas, 
que de nada sirven, 
que nada remedian... 
En el hogar viven, 
con su compañera, 



172 JULIO J. CASAL 

cuatro pequeñuelos 
que ni se alimentan- 



Pobre pescador, 
que ¡oh ilusión! se empeña 
en querer vivir 
de la poca pesca... 
¡Qué bien simbolizas 
la ruda existencia 
de aquellos espíritus 
que, rebeldes, sueñan! 
Sobre el mar humano 
la vista que acecha... 
tendidas las redes 
aguardando presa- 
se oxidan las notas 
y se traspapelan 
todos los cantares, 
todos los poemas- 
Todas las pinturas 
son como hojas secas... 
Y no ofrecen muerte, 
¡que ofrecen esencias, 
y luces y formas!... 
Pescador poeta 
que ¡oh ingenuo! 
te empeñas 
en vivir del arte, 
y en vender Belleza. 



HUMILDAD 17 



Y estás todo el día 
espera que espera. 

Y pasan las horas 
y la luz no llega, 
hasta que tus ojos 

por siempre se cierran.., 

Y entonces se dice, 
pescador poeta, 

que en todas tus obras 
la hermosura tiembla, 
cuando no hay remedio 
y ya no te inquietas, 
porque estás dormido 
debajo la tierra... 



CALLEJAS 



£,n esas tardes grises y brumosas, 
voy ensoñando temas musicales 
por las tristes callejas silenciosas 
que existen en los viejos arrabales. 

El polvo, la humedad y la patina 
del tiempo, envuelven en sus bellas redes 
una humilde casona campesina 
ya casi sin ventanas ni paredes. 

Preludiando no sé qué antigua estrofa 
pasa un vecino de ojos asustados, 
y un niño lo persigue haciendo mofa 
de sus torpes zapatos claveteados... 

No me agradaron nunca aquellas voces 
de las ruidosas calles: solamente 



176 JULIO J. CASAL 

encuentro siempre los más amplios goces 
en esos barrios en que no hay ni gente... 

Más que las grandes calles rumorosas, 
llenas de asuntos siempre artificiales, 
prefiero esas callejas misteriosas 
^que existen en los viejos arrabales... 



LOS BARCOS 



A M0 esos viejos barcos que del Norte 

al Cantábrico llegan, 
y en el hispano puerto ponen una 

nota gris de leyenda. 

Los tripulantes pasan silenciosos 
hacia los bares, mientras 
los niños hacen burla de sus raras 
figuras extranjeras... 

Venís desde muy lejos 
y desde hermosa tierra, 
que símbolo del bien y del trabajo 
siempre ha sido Noruega. 

País de numerosos archipiélagos 
y de los fiords... Y bella 
región de hombres macizos como el hierro... 
jardín de mis fantásticas quimeras. 

12 



178 JULIO J. CASAL 

Barco maravilloso, aunque pequeño, 
espejo de la fuerza 
de tu país, me agrada 
verte llegar, cargado de madera, 
y treparme dichoso 
a tu limpia cubierta, 
para poder beber con tus marinos 
el codiciado vaso de ginebra... 

■ 












- 



EN LA EGLÓGICA PAZ... 



CN la eglógica paz de los caminos 
y a la sombra de un árbol centenario, 
una viejuca de ojos ya cansinos, 
la voz temblona y gesto hospitalario, 
pide limosna a los peregrinos 
e insulta a veces con vocabulario 
de términos sarcásticos, ladinos, 
mientras la luz postrera del sol arde 
incendiando los pinos, 
y allá lejos voltean los molinos 
el oro prodigioso de la tarde... 



NIEVE 



jS|iEVA... Nieva... Nieva... Nieva... 
Engalanado en su traje 
de lirios, brilla el paisaje 
debajo la luna nueva... 

Todo es blanco... En el camino 
toda casa es como un ala, 
y allá a lo lejos resbala 
entre nubes el molino... 

Noche de paz y de albura, 
en que el alma hacia la altura 
toda mística se eleva. 
Vibran romances de lino, 
y en tanto sobre el camino 
nieva... nieva... nieva... nieva... 



LLUEVE 



Llueve... Llueve... Llueve... 

Se deshace bajo 

el agua la nieve. 

Retorna al trabajo 

una modistilla, de pie lindo y leve. 

Un órgano aturde con sus melodías... 
La misma sonata de todos los días. 

Y al sedante abrigo 

de un portal amigo, 
cantan unos niños melodiosamente 
la canción del árbol, del ave y la fuente... 

En el aire el agua finge un tul de bruma, 
Hay en el ambiente no sé qué fragancia... 
Oh! las horas bellas, blancas como espuma, 
de mi muerta infancia! 

Si yo realizara mi afiebrado ensueño- 
Olvidar el mundo y su eternal querella... 



186 JULIO J. CASAL 

¡Ser un inocente y humilde pequeño 

que tiene a su madre y aun juega con ella! 

La monotonía de la lluvia llora 
sobre los cristales su rima sonora, 
y en mí se despiertan ¡tantas añoranzas!... 
¿Qué fueron de aquellas hondas esperanzas, 
de aquella quimera que alegre brotó?... 

Era una flor toda de raso y esencia... 
Como la fe mía, como mi inocencia, 
perdió sus perfumes y se marchitó. 

Y en tanto la lluvia menuda resbala 
silenciosamente lo mismo que un ala, 
la música triste del órgano suena 
evocando juegos de aquella edad buena... 

Entre las plomizas nubes, una arde. 
Ya casi no existe ni un copo de nieve. 
Poco a poco muere la luz de la tarde. 

Llueve... Llueve... Llueve... 



m i 



IR... 



Ir por los caminos, hablando con todas 

las cosas pequeñas... 

Dar las «¡buenas tardes! » a las hormiguitas, 

mis amigas viejas... 

Visitar los turbios 

charcos, que reflejan 

mal las hojas mustias que arrancó la brisa... 

Charlar con las piedras, 

y con ese musgo, 

a quien nadie lleva 

tan sólo ni una mirada curiosa: 

lo pequeño no atrae ni tienta. 

¡Oh! mis aventuras 

de don Juan, con esas 

flores, que silvestres 

nacen en la hierba! 

Yo les digo versos... 

Les hablo en poeta... 



188 JULIO J. CASAL 

El sereno goce 
del ansia pequeña, 
no ha de darlo nunca 
la ilusión suprema. 
Los hombres no entienden 
jamás nuestra idea, 
aunque la expongamos 
en la propia lengua... 
En cambio, las hojas, 
las grisáceas piedras, 
las flores silvestres, 
mis amigas viejas, 
¡qué bien me comprenden 
cuando hablo con ellas! 



EL POETA 



£l poeta 

de inquieta 

mirada, 

hoy no ha comido 

ni bebido 

nada. 

Anduvo errante su sombra 
por la alfombra 
tapizada del jardín. 
Pero no miró la luna, 
ni arrancó una nota, ni una, 
de su lírico violín. 

En la calle y el taller, 
ha suplicado poder 
trabajar... 
pero en todos 
lados, con groseros modos 
le dijeron: «no hay lugar...» 



190 JULIO J. CASAL 

Y, rendido, 
se ha dormido 
sobre un banco... 
Y, otra vez, 
¡qué languidez, 
qué ensueño blanco 
lo ha poseído! 

Y un buen burgués que paseaba 
su obesidad junto al lago, 
a un amigo se quejaba: 
«¡tango vago!» «¡tanto vago!» 






LA JUGUETERÍA 



C^uatro papeluchos 
y cuatro cartones... 
Un mostrador viejo, 
carcomido y pobre; 
un tiesto de barro, 
que no tiene flores; 
dos o tres muñecos 
y un caballo, sobre 
un estante antiguo... 
La sombra de un hombre, 
Juguetes humildes, 
estampas, colores, 
dibujos hallados 
no se sabe en dónde... 
¡Todo tan mezquino! 
No obstante, ¡qué goce 



192 JULIO J. CASAL 

para el pequeñuelo 
que entre los cartones 
y los papeluchos 
y el tiesto sin flores, 
muestra su brillante 
moneda de cobrel 



• 

# 



• 



JARDÍN 



Jardín provinciano 
de la plaza vieja, 
me agrada el silencio 
con que te rodeas... 
Ni bandas de música 
(¿para qué?, molestan...), 
ni un infantil canto 
de niñas te alegran. 
Siempre abandonados 
tus bancos de piedra; 
no busca tu sombra 
callada y discreta 
el romanticismo 
de alguna pareja. 
Mejor. ¿No es vulgar 
toda confidencia, 
y lo que entre sí, 
sin amor se cuentan? 

13 



194 JULIO J. CASAL 

Viejo jardinillo 
de la plaza vieja, 
tus frondosos árboles 
los reflejos velan 
del oro y la plata 
déla luna llena... 
Tan sólo interrumpe 
tu noche secreta 
el eco lejano 
de un toque de iglesia, 
el vago chirrido 
de alguna carreta 
y tu humilde fuente 
que entona una queja 
dulce, y cuyas gotas 
transparentes vuelan 
entre los rosales 
como unas luciérnagas. 



Jardín provinciano 
de la plaza vieja, 
no sabes de bailes, 
de risas, ni fiestas, 
ni ruidos molestos... 
¡Cómo te asemejas 
al jardín que mí alma 
dentro de sí lleva! 
Como tú, es callado, 
su sombra es discreta, 



HUMILDAD 195 



tiene también fuentes 
que ofrecen su esencia. 
Pero nadie, nadie, 
jamás lo frecuenta, 
y sólo interrumpe 
su noche secreta 
el volar de alguna 
fantástica idea... 



ÍNDICE 



Páginis. 



La brisa , 7 

Margarita 9 

Rayo de luz .. . 11 

Árbol 13 

El carretero 15 

La noche 17 

Pececito 19 

Algunas hojas 21 

El farolero 23 

La estrella 25 

El paisaje 27 

Las campanas 29 

En la sedante 33 

En alta mar 35 

Era un paisaje 37 

Fecundidad 39 

Calendarios . 41 

Aspiración 43 

El sendero 45 

Atardecer 49 

Ha llovido 53 

Notas 55 



198 índice 

Páginas. 

El paragüero 57 

Un emigrante , , 59 

La vaca 61 

El cartero 63 

Indiferente 67 

Los plátanos 69 

Crepúsculo 71 

Horas de siesta 73 

Baile en la aldea 75 

La vaca y el ternero 79 

Vieja historia SI 

Moneda de cobre 83 

Los cuarzos 85 

Hijas del arroyo 87 

Andan 91 

El picapedrero 93 

Gotas de rocío 95 

Musiquilla de arrabal 97 

Los vendedores 101 

Flores de papel lfb 

El apeadero 107 

Viejas canciones 111 

La pequeña ilusión , 113 

El violinista 115 

El afilador 117 

Flota 123 

Del frigorífico 125 

Callar 127 

Gris 129 

La niña del jardín 131 

Canciones 133 

Bajo la lluvia 135 

Viejos marinos 137 

La sombra 139 



índice 199 

Páginas. 

La ráfaga . . . . . 143 

El charco 145 

El can 147 

Otoñal 149 

Por los cristales 153 

Nada y todo 155 

Pobre caballejo... derrengado y viejo 157 

La laguna 159 

Hojita Ifrl 

En el lago 165 

Cuando 167 

Pobres árboles 169 

Pescador , 171 

Callejas 175 

Los barcos. , 177 

En la eglógica paz 181 

Nieve 183 

Llueve 185 

Ir 187 

El poeta 189 

La juguetería 191 

Jardín 193 



OBRAS DEL AUTOR 



Regrets. (Poesías.) 
Allá lejos. (ídem.) 
Cielos y llanuras. (ídem.) 
Nuevos horizontes. (ídem.) 
Huerto maternal. (ídem.) 
Humildad. (ídem. 



PRÓXIMAS A EDITARSE 

Medallones. (Prosa.) 
Paisaje. (Poesía.) 



EN PREPARACIÓN 



Cuentos a Marynés. (Poesías.) 
Nueva Antología de poetas uruguayos. 



5 PESETAS 




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